Español || English
Logo Artes Escenicas Inicio
Buscador
SUBCAMPOS TEMÁTICOS

Para una crítica de la participación

00/00/0000


La urgencia por difundir modelos participativos o colaborativos con el fin de articular y legitimar proyectos sociales se explica por la creciente desconexión entre actores y público o entre individuos y colectivos; en otras palabras, se trata de una reacción a la sensación de fracaso con la que se perciben las democracias formales. La situación no es nueva, ya en 1961 el número 6 de la Internacional Situacionista hacía un análisis de los espacios públicos refiriéndose a la imposibilidad de la participación, “nulidad del urbanismo, nulidad del espectáculo”. Medio siglo después las sospechas en torno a la participación se han acentuado y las formas de participar se han hecho más sofisticadas. Participar se ha convertido en un lugar común, una forma de consumo. Esto ha conducido a la búsqueda de otros modos de involucrar a los interlocutores de un proyecto que quiera llevar el adjetivo de público, que quiera proponerse como un espacio hecho realmente “entre todos”.

En lo que al medio teatral se refiere, la participación ha sido uno de los recursos básicos para lograr un efecto más directo a través de la interacción con el público, lo que a menudo ha estado ligado a una consideración acerca del carácter político de la obra. A comienzos del siglo XXI las opciones de participación, no solo en arte, sino en el mundo de la cultura y la sociedad se han multiplicado. Sin embargo, las formas de participar, el lugar que se le concede y su valoración como estrategia social han de ser reconsideradas en relación al horizonte político y económico consolidado a lo largo de los años noventa. No es lo mismo discutir las formas de participación teniendo como telón de fondo las dictaduras militares que con unas democracias formales que dependen para su supervivencia del capital internacional y el mercado de consumo al que se encuentran sujetas. Como expone Miessen en su libro La pesadilla de la participación, la participación se ha convertido en un lugar común, una pieza más de una economía y unos modos de producción que atraen a su público con la promesa de convertirlos en participantes, colaboradores, cómplices o amigos con capacidad de modificar el sistema en el que toman parte. La vieja utopía teatral “la obra la hace el público” parece haberse hecho realidad en forma de ficción, cumpliendo el sueño social del arte en un plano más imaginario que real. La necesidad de sujetos colectivos que justifiquen las acciones artísticas o políticas está ahora vigilada y potenciada por instituciones y agentes oficiales como parte de un credo cultural que funcione de contrapeso a la escasa credibilidad de los discursos democráticos.

El conflicto ya no es si participar o no participar. Por el hecho de ocupar un espacio dentro de un sistema sujeto a unas reglas, se está ya tomando parte en él, aún antes de decidir si involucrarse en formas más explícitas de participación. ¿Cómo afrontar esta necesidad y la vez esta obligación de estar con los otros, de tomar parte de un sistema que no depende de uno mismo? Si el siglo XX se inicia con la demanda a todos los niveles de formas más abiertas de participación que venían de atrás, se cierra con una saturación acompañada de una buena dosis de desconfianza hacia esos mecanismos. La construcción del espacio público no pasa solamente por la demanda de participación, sino por el análisis crítico de estas formas de diálogo aparentemente horizontales. Frente a los niveles explícitos de participación —¿quieres colaborar con nosotros?—, expuestas como ejemplo de la libertad de opción que todavía le queda a los individuos, están las formas implícitas o indirectas de participación que Lazzarato en su análisis de los dispositivos sociales relaciona con la servidumbre maquínica, que es la que confiere verdaderamente al capitalismo su omnipotencia, aquella que pone a trabajar “las funciones perceptivas, los afectos, los comportamientos inconscientes, la dinámica preverbal y preindividual” (115).

La respuesta no pasa por un rechazo a la participación —prevista ya por el sistema o por la obra—, sino que implica un replanteamiento de los elementos básicos en los que se apoya la participación. Las formas de involucrarse se han hecho menos ingenuas y por ello también más complejas. Es así como la dimensión afectiva, la construcción de lo común, el cuestionamiento de las identidades colectivas, el cuidado del otro, unido a modos elementales de participación como la palabra, la escucha, la conversación, el estar juntos, la imaginación o el deseo, han pasado a hacerse visibles como vías de resistencia y crítica de modelos relacionales más dirigidos, incluso siendo menos evidentes en su formalización externa. En esta dirección apuntan numerosos estudios que desde los años noventa han insistido en replantear las formas de cooperación y compromiso desde el ámbito de la antropología (Sennett), el activismo (Comité Invisible) o la filosofía (Agamben, Garcés), así como desde el campo de la creación a través de un amplio espectro de prácticas que han buscado otras formas de relacionarse con el espacio y el entorno humano en el que se desarrollan (Blanco y otros, Ardenne, Bishop, Claramonte, Collados y Rodrigo).

Estos recorridos conocieron en los años sesenta y setenta un intenso desarrollo (Popper), pero es a partir de los años noventa y especialmente ya a lo largo de los dos mil cuando pasan a formar parte de los discursos oficiales. Este ha sido el último giro del capitalismo cultural al que se refieren Boltansky y Ciapello, un mercado que ha incorporado y rentabilizado formas de producción aparentemente marginales como las artísticas. Es frente a la complacencia de ciertos ámbitos de la creación que autores como Bishop, Miessen, Warner o Schneider revisan el hecho de la colaboración, la participación o las denominadas estéticas relacionales, retomando el concepto de Bourriaud, para preguntarse dónde quedan los conflictos en unas propuestas en las que todo parece resolverse por la vía del consenso y la colaboración. El público se convierte en protagonista de una escena sin actores convertido en un nuevo tipo de espectáculo. Frente a la sociedad del espectáculo de la que hablaba Debord en los años sesenta, surge el espectáculo de una sociedad anónima, un nuevo sujeto colectivo que desconfía de actores y líderes, para la que algunos ya han creado etiquetas como la del teatro posespectacular (Eiermann).



Referencias bibliográficas

Agamben, Giorgio, La comunidad que viene, Valencia, Pre-Textos, 1996.

Ardenne, Paul, Un arte contextual. Creación artística en medio urbano, en situación, de intervención, de participación, Murcia, Cendeac, 2006.

Bishop, Claire, “Antagonism and Relational Aesthetic”, October Magazine, 110 (Fall 2004), pp. 51-79.

—, Artificial Hells. Participatory Art and The Politics of Spectatorship, London/New York, Verso, 2012.

Blanco, Paloma, Jesús Carrillo, Jordi Claramonte y Marcelo Expósito, Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2001.

Boltanski, Luc y Ève Chiapello, El nuevo espíritu del capitalismo [1995], Madrid, Akal, 2002.

Bourriaud, Nicolas, Estética relacional, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2006.

Claramonte Arrufat, Jordi, Arte de contexto, Donostia/San Sebastión, Nerea, 2010.

Collados, Antonio y Javier Rodrigo, Transductores 3. Prácticas artísticas en contexto. Itinerarios, útiles y estrategias, Granada, Centro José Guerrero/Diputación de Granada, 2015.

Comité Invisible, A nuestros amigos, Logroño, Pepitas de calabaza / Surplus ediciones, 2015.

Eiermann, André, “Teatro postespectacular. La alteridad de la representación y la disolución de las fronteras entre las artes”, Telón de fondo, 16 (2012). En http://www.telondefondo.org

Garcés, Marina, Un mundo común, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2013.

Miessen, Markus, La pesadilla de la participación, Barcelona, dpr, 2014.

Popper, Frank, Arte, acción y participación. El artista y la creatividad de hoy, Madrid, Akal, 1989.

Schneider, Florien, “Collaboration: The Dark Side of Multitude”, Turbulence. Sarai Reader 4, Delhi, 2006, pp. 572-275.

Sennet, Richard, Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación, Barcelona, Anagrama, 2012.

Warner, Michael, Publics and Counterpublics, New York, Zone Books, 2002.

 

Otros materiales

Claire Bishop, ed., Participation, Cambridge MA, Whitechapel/MIT Press, 2006. Documents of Contemporary Art.

José Antonio Sánchez, "Dispositivos de participación". Azala (Vitoria), 2015.


Editor/es:


»Óscar Cornago

Obras:


»Clean Room Season 1

»¿Quién es el habitante de la casa?

Contextos:


»Transductores



Aviso Legal: © de los textos y las imágenes: sus autores Diseño CIDI; Desarrollo web GyaStudio