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TEXTOS

El año de Ricardo

Autor: Liddell, Angélica

Año de publicación: 2007

Artista: Angélica Liddell

Obra: El año de Ricardo

Fecha de incorporación a la web: 19/05/2009

Referencia bibliográfica:

Y los peces salieron a combatir contra los hombres, Y como no se pudrió... Blancanieves, El año de Ricardo, Artezblai, Bilbao, 2007.



Texto:

[...] A veces me pregunto...
¿Cómo hubiera sido Lenin si no hubiera estado enfermo?
¿Y yo?
¿Cómo sería yo si no estuviera enfermo?
Yo, yo, ¿cómo sería yo?
¿Y este país?
¿Cómo sería este país si yo no estuviera enfermo?
¿Cómo sería este país sin estos dolores que me atormentan, sin estas ganas de morir?
¿Si no me hubieran insultado de niño...?
¿Cómo sería este país si yo no tuviera cuerpo?
¿Y tú, Catesby?
¿Qué dirías tú si tuvieras lengua?
¿Cómo influye en ti no tener lengua? ¿Eso te hace ser más fiel?
¿Eres amigo mío por miedo?
¿Si te pidiera un caballo en mitad de la batalla me lo traerías?
Pero yo no te quiero, Catesby.
No te quiero más que a todos esos pordioseros a los que vamos a destripar.
Yo sólo amo la ausencia de tu lengua, Catesby.
Yo sólo amo tu deformidad,
lo que nos hace iguales.
Estoy enamorado de la ausencia de tu lengua.
Estoy enamorado de mi podredumbre.
Se llama el beneficio de la enfermedad, ¿lo sabías, Catesby?
El beneficio de la enfermedad.
El enfermo no quiere dejar de serlo.
Estoy enamorado, estoy enamorado, estoy enamorado...
Estoy enamorado de mi enfermedad.
Mi espalda es la novia de un Gólgota.
¿Lo comprendes, Catesby?
Mi cuerpo es mi voluntad.
Pero mi cuerpo está por encima de la voluntad de los hombres.
Porque la guerra y el hambre están por encima de la voluntad de los hombres.
¡Mi cuerpo es el fin del mundo!
¡El cuerpo, el cuerpo!
¿De qué estamos hechos, Dios mío?
Catesby, quiero que pujes por una porcelana china.
Quiero saber si puedo hacer la guerra con una porcelana china en los brazos.

 

[…] No llores.
Yo te defiendo.
Yo defiendo a la mujer con costras en la vagina,
curada milagrosamente por el beso del sifilítico.
Ven aquí,
todavía sigo vivo,
y deforme,
y te defiendo.
Ven, ven, ven aquí.
¡Déjame en paz, me marcho a Egipto!
¡Napoleón en Egipto!
¡Qué lejos estaré entonces de todas vosotras!
Pequeñas putas amarillas mías.
¡El odio!
El odio me ha dejado el cuerpo dolorido y frío.
Las encías apenas soportan la ira de mis mandíbulas.
Aúllo bajo la colcha barata.
No pienso esperar.
Voy a manchar la sábana con un líquido marrón.
Gracias al asco podré dormir.
El asco me adormece como un veneno.
Hoy todo me causa un gran asco.
Un asco harapiento y hondo.
Me dan asco todos los hombres.
Y todas las mujeres.
Me dan asco.
Y yo me doy asco también.
Me da asco el amor. Me da asco cuanto tiene que ver con el amor.
Me da asco el placer.
Me da asco el preludio del placer.
Acepto, eso sí, un sexo rápido y brutal
con los seres más miserables de la tierra.
Acepto las violaciones
y la cópula con animales famélicos y agusanados.
Acepto un intercambio bestial con la escoria.
Besar la llaga
o simplemente abrazar un cuerpo esquelético.
Meterse opulentamente en la boca ácida del hambriento.
¿No tienes un bolígrafo para escribir todo esto?
¡He empezado la guerra por tu culpa!
Las niñas tenéis la culpa de todo.
Tenéis la culpa de que los hombres honrados se avergüencen de sus deseos.
Tenéis la culpa de todas las violaciones del mundo.
¡Me quiero morir!
No quiero a mi madre.
Por eso te quiero a ti.
Por eso te quiero a ti.
Por eso te quiero a ti.
[...]

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