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TEXTOS

Perro muerto en tintorería: Los fuertes

Autor: Liddell, Angélica

Año de publicación: 2007

Artista: Angélica Liddell

Obra: Perro muerto en tintorería: Los fuertes

Fecha de incorporación a la web: 20/05/2009

Referencia bibliográfica:

Angélica Liddell, Perro muerto en tintorería: Los fuertes, Madrid, Centro Dramático Nacional, 2007.

Denis Diderot, Angélica Liddell, El sobrino de Rameau, Perro muerto en tintorería, Madrid, Nórdica, 2008.



Texto:

[...]

El teatro es una batalla entre dos mentirosos:
el hipócrita y el puto actor.
El puto actor puede desprenderse de su máscara.
El hipócrita, es decir, el público, no.
El público es hipócrita,
el público es la cultura.
La cultura es hipócrita.
Y yo soy el encargado de luchar contra la cultura.
El arte debe luchar contra la cultura.
Mi rabia, mi rencor, mi malestar
deben luchar contra la cultura.
Hago humanismo,
porque el humanismo consiste en rebelarse
contra todo aquello que lesiona al hombre,
y que un perro cobre más que un puto actor
lesiona seriamente al hombre.
Interpreto a un perro hambriento y marginal
porque no existe mayor crítica que el hambre.
Puesto que soy un puto actor que hace de perro y no un perro,
dependo del poder.
Depender del poder me obliga a cuestionar el poder.
Esa es mi doble naturaleza.

Poseo dos estómagos:
uno para el pan y otro para los amos.
Combino la sumisión con el orgullo,
y siempre corro el riesgo de ser expulsado.
También corro el riesgo de ser admitido.
Si me expulsan, paso hambre.
Si soy admitido,
me encuentro expuesto al desprecio, a la humillación y al escarnio.
No me fío. No me fío.
No soporto enfrentarme a una profesión
marcada a partes iguales por el engreimiento y la imbecilidad.
La humildad y la vanidad me producen el mismo asco.
No me fío. No me fío.
De las garrapatas, de las sanguijuelas, de los reptiles,
no me fío, no me fío.
Sólo admito a los débiles sin teatro,
a los perdedores sin teatro,
a los enfermos sin teatro
y a los derrotados sin teatro.
El riesgo que corre el espectador frente al puto actor
es que el puto actor diga la verdad en voz demasiado alta
y muerda.
Con permiso de Combeferre,
vamos a empezar a trabajar.

[…]

¡Habéis firmado al pie de la letra,
al mismísimo pie de la letra!
¡Habéis participado,
sí señor,
habéis participado!
Habéis firmado al pie de la letra El contrato,
El contrato,
habéis firmado un contrato en el que dice,
dice muy claramente,
tal vez con excesiva claridad,
dice Rousseau,
«la conservación del Estado es INCOMPATIBLE con la conservación del enemigo, es preciso que uno de los dos perezca, y cuando se hace perecer al culpable es menos como ciudadano que como enemigo»,
y lo habéis firmado,
lo habéis firmado con creces,
El contrato de Rousseau,
una y otra vez,
El contrato,
gracias al Contrato habéis invadido países,
habéis hecho saltar por los aires islas enteras,
habéis aniquilado,
sí señor,
aniquilado,
simplemente aniquilado al enemigo,
una y otra vez,
al enemigo.
Habéis unido la justicia a la venganza,
para aniquilar al enemigo.

CARTELES
YA NO HACE FALTA SER FASCISTA PARA ODIAR
SÓLO HACE FALTA SER BLANCO
ES MEJOR UN ENEMIGO RECONOCIBLE A SIMLE VISTA
UN NEGRO. UN MORO. UN CHINO.
LO LLEVAN EN LA CARA

¿Y ahora?
Ahora que vivís completamente seguros,
ahora que os han librado de todos los enemigos,
por fin, de todos los enemigos,
ahora,
no sabéis cómo administrar vuestra debilidad,
vuestra avidez de sufrimiento,
vuestra culpa,
vuestros deseos,
vuestra ruindad
y vuestros insultos.
La cuestión es, después de la matanza,
¿qué hace el hombre para seguir demostrando,
demostrándose a sí mismo,
que sigue siendo un hombre?

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