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TEXTOS

Mi muerte a cambio de tu pelo

Autor: Cornago, Óscar

Año de publicación: 2009

Artista: Angélica Liddell

Obra: Te haré invencible con mi derrota

Fecha de incorporación a la web: 29/07/2009



Texto:

Mi muerte a cambio de tu pelo

Hubo un tiempo en que la comunidad acudía a los oráculos para conocer el porvenir. El oráculo hablaba a través de signos, de gestos extraños y palabras oscuras, de símbolos que contenían un mensaje, la voz de los dioses. Visionarios en tiempos más recientes reinventaron este lugar como origen del teatro, en un tiempo en el que ya no se escucha a los dioses, ni a los muertos. Si fuera cierto que los oráculos se transformaron en artistas, podemos suponer que la voz del porvenir quedó en manos de los políticos. El artista y el político, dos formas de ser público, de darse a la comunidad. El sacrificio espiritual del artista y el sacrificio social del político como mitos de los que apenas quedan huella. Los oráculos del mundo moderno convertidos en formas de vida en las que el sacrificio se ha transformado en arte de la seducción. El dolor del artista es su verdad. A más dolor, más realidad; mientras más realidad, más dolor. ¿Se puede actuar el dolor? El rostro afligido del político, en la foto junto a las víctimas de la masacre, nos hace pensar en su compromiso personal. Hacer público el dolor, lo que no tiene voz. La catarsis a través del dolor del otro. Lugares de duelo construidos por una comunidad.

Citemor 2009 se abre con un acto de dolor, Te haré invencible con mi derrota. Es una casualidad que Citemor se abra con esta obra, pero y ¿si las casualidades significaran algo? El rito es el espacio para la expresión del dolor, el dolor de un sacrificio asumido por una fuerza mayor. Pero la obra comienza antes y acaba después. En medio, el ritual, la apetura al público. Es un acto profundamente trascendental y profundamente físico. La expresión pura del dolor, el dolor y nada más. Y la belleza naciendo de ese lugar oscuro.

El público llega en autobús hasta la nave donde se hace la obra. Es ya de noche. La artista espera al final de la nave, con un vestido blanco, como una sacerdotisa que aguarda el momento de lo inevitable. Mira al público, pero no le ve. Está en otro lugar, ausente, conversando con los que todavía no han llegado. El público asiste, desde el otro lado, a un diálogo, el que tiene lugar entre la artista y la muerte, un diálogo con los que ya se han ido y que van a ser invocados.

 

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Archivos adjuntos: cornago_liddell_invenciblederrota.pdf |




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