Español || English
Logo Artes Escenicas Inicio
Buscador
TEXTOS

El arte de la acción en los etcéteras de Juan Hidalgo

Autor: García de Mesa, Roberto

Artista: Juan Hidalgo

Fecha de incorporación a la web: 10/11/2009

Referencia bibliográfica:

Inédito



Texto:

Una de las características del mundo moderno probablemente podría ser una conciencia del valor de lo multidisciplinar. A partir del Renacimiento se hace célebre un modelo de artista que abarca diferentes disciplinas y en todas ellas realiza alguna aportación relevante. La combinación de elementos diversos comienza a producir una conciencia de lo original que tarda varios siglos en consolidarse. Cuando el creador investiga los procesos artísticos desde diversas disciplinas, se aleja de las tradiciones, de las imitaciones, y se percata de que hay conexiones ocultas entre los elementos, de que se respiran contactos diferentes y de que así pueden nacer obras dotadas de una factura más personal. Es a finales del siglo XVIII y de los siguientes cuando comienza a triunfar la noción de lo nuevo, de lo diferente, de lo auténtico, del arte entendido desde un ideario absolutamente original, en contra de la noción clásica de la imitatio aristotélica que había prevalecido en casi toda la historia del arte occidental. El creador moderno deja de tener miedo a lo desconocido y se adentra con la máxima exposición en los hechos diferenciadores y en las percepciones sensoriales con extraordinaria fecundidad. La revolución intelectual de occidente está en marcha. Los artistas renovadores se emancipan de la tradición y abren nuevos senderos, proponen formas y contenidos que parecen marcar un antes y un después, a lo largo del siglo XX.

Después de la segunda guerra mundial nacen diversos movimientos y grupos de vanguardia que postulan una continuación de los avances de la modernidad, incluso una superación de ella. El grupo zaj, formado por Juan Hidalgo y Walter Marchetti, y, temporalmente o con posterioridad, por Ramón Barce, Esther Ferrer, José Luis Castillejo, entre otros, fue uno de estos movimientos que ayudó a perfilar la conciencia de una época, un reducto de libertad expresiva y de honestidad artística en un período de la historia internamente convulso: la guerra fría. De todos ellos, probablemente la originalidad de las creaciones de Juan Hidalgo (14 de octubre, 1927, Las Palmas de Gran Canaria) no ha pasado desapercibida, ya no solo por sus aportaciones zaj, sino por la continuidad en solitario de una ingente obra que navega entre diversas disciplinas, hasta el punto de poseer un discurso propio y suficientemente original como para ser considerado uno de los compositores, de los accionistas, de los artistas plásticos, de los poetas más relevantes del siglo XX y aún del XXI, puesto que su producción llega hasta hoy. Hidalgo pertenece a esa tradición de artistas, señalada antes, que cultivan diferentes disciplinas y que en cada una de ellas aporta alguna nueva consideración. Esto tiene una fácil explicación y es que cuando un creador trabaja entre las zonas fronterizas de los modelos establecidos, si aproxima su obra a uno u otro, nunca terminará de encajar para la crítica especializada, cuyos criterios de análisis suelen vincularse a la clasificación por géneros. De esta manera, la producción de Hidalgo puede convertirse en cualquier cosa, pero también puede ser sólo una pieza suya, sin más adjetivos. Sea como fuere, tanto su obra como su perfil de artista, constituyen hoy, sin duda, un reconocido exponente de la vanguardia europea que renació durante la segunda mitad del pasado siglo.

La formación de Juan Hidalgo es esencialmente musical, ya que estudia piano y composición en París y en Ginebra. Desde muy joven se inclina por la música contemporánea. El 28 de julio de 1957 estrena su obra Ukanga, una composición serial-estructural para cinco grupos de cámara, en el XII Internationale Ferienkurse Für Neue Musik, de Darmstadt. Con ella se convertiría en el primer compositor español que participa en dicho festival.

Sus encuentros con David Tudor en Milán (1956) y con John Cage en Darmstadt (1958) van a ser definitivos para su concepción musical. El primero de ellos fue un pianista y compositor norteamericano interesado también en la música experimental de su tiempo. Desde 1950, Tudor se decantó por la producción contemporánea y se convirtió en uno de los intérpretes pianísticos más importantes. En 1954, realizó un tour europeo que le dio un gran reconocimiento. Su repertorio llegó a comprender piezas de Pierre Boulez, de Karlheinz Stockhausen, de Morton Feldman, de La Monte Young, entre otros. Pero, de entre todos los compositores con los que Tudor se relacionó, su compromiso con la obra del también norteamericano John Cage fue notable, ya que resultó ser el primer intérprete de algunas de sus piezas más célebres: Music of Changes, Concerto for Piano and Orchestra ó 4’ 33’’.

Leer texto completo en pdf



Archivos adjuntos: etceteras_jhidalgo_rmesa.pdf |




Aviso Legal: © de los textos y las imágenes: sus autores Diseño CIDI; Desarrollo web GyaStudio