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TEXTOS

El teatro visual

Autor: Abellán, Joan

Año de publicación: 2006

Fecha de incorporación a la web: 11/03/2010

Referencia bibliográfica:

ARTEA / José A. Sánchez (dir.), Artes de la escena y de la acción en España 1978-2002, Cuenca, UCLM, 2006, pp. 75-87. ISBN: 84-8427-440-3



Texto:

Cuando se habla de Teatro Visual como una modalidad particular de las artes escénicas, no es raro que surja la pregunta ¿existe algún teatro que no sea visual? La pregunta es comprensible: la propia palabra teatro viene de “Theatron” que significa en griego mirada; y, además, la tradición occidental tiene fuertemente enraizada la noción de que el teatro es sentarse a ver, a mirar, como alguien representa algo ante uno. E igualmente, para quien actúa: ponerse a representar algo ante la mirada de alguien. Esa es, sin embargo, una comprensión algo restrictiva del teatro, puesto que, seguramente, tan interesante como el ver y el oír, el factor que da a las artes escénicas su carácter especial, su gran especificidad, es el hecho de estar ahí, actuantes y espectadores, compartiendo el mismo espacio, el mismo tiempo, la misma realidad, participando de una experiencia común, aunque sea a través de otra realidad, de una realidad representada. Son bien conocidas las primeras palabras del conocido ensayo de Peter Brook de los años sesenta El Espacio Vacío: “puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Una persona camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.” Esos son los elementos de la materia prima de base que cuenta para el teatro: el espacio, el actor, la acción y el público. Y por supuesto, el pacto tácito interiorizado entre las dos partes presentes: la convención, en suma, de que todo puede suceder en ese espacio, pero que todo lo que acontezca estará regido por la condición de ficcional o como mínimo por la alteridad de lo realizado en ese espacio, es decir de la conciencia de representación por ambas partes.

La ilusión y la presencia
La diáfana explicación de Peter Brook que he citado define el arte escénico ante todo como presencia viva representando acciones vivas ante el público vivo. La presencia, la acción, la expresión en todas sus facetas, fueron desde sus orígenes rituales las fuerzas vivas sobre las cuales recayó la responsabilidad de generar y mantener la atención de la audiencia y de proporcionarle el placer de las emociones bajo la inquietud de la proximidad, o al menos la certeza, de la presencia viva de los actores. Pero en la evolución del teatro en occidente, se produjo un punto de inflexión a partir del cual la fuerza de la mencionada presencia, la interacción viva entre actores y público, empezó a diluirse en aras de una mayor ilusión en la representación de las ficciones, provocando en la recepción del público un progresivo olvido del factor presencia en beneficio del factor ilusión. Ese punto de inflexión se produjo con el descubrimiento de la perspectiva pictórica en los albores del Renacimiento. En ese momento, el sentido de la vista, de ocupar el tercer lugar que se le daba en la jerarquía medieval de los sentidos, tras el oído y el tacto, pasa a ocupar el primero. En su tratado de la pintura del 1521, Leonardo da Vinci da al ojo la bella definición de “ventana del alma” y lo considera como el mas noble de los sentidos humanos; como la primera vía de conocimiento, aquella que, según él, permite al sentido común considerar de la manera mas esplendorosa las obras infinitas de la naturaleza”.

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