Español || English
Logo Artes Escenicas Inicio
Buscador
TEXTOS

Apuntes hacia una ética de artista

Autor: Marquerie, Carlos

Artista: Carlos Marquerie

Fecha de incorporación a la web: 15/03/2010

Referencia bibliográfica:

Inédito. Conferencia impartida por Carlos Marquerie. Valencia, 9 Diciembre 2009



Texto:

Sobre el aislamiento del artista y la marginalidad

1.-
Desarrollar un trabajo artístico en un marco aislado del medio artístico.
Así me encuentro, y aunque estemos aquí de jornadas, todos juntos, creo que estoy o estamos aislados.
La rareza es un preámbulo de la extinción en la compleja economía de la naturaleza. Esto lo decía Darwin y a mi, en nuestro contexto me asusta, y no exactamente por el miedo a la desaparición.
Aislado económicamente de los flujos del dinero de la cultura, aislado de los estados de opinión y aislado del mercado. Me guste o no me guste, hoy inevitablemente el artista se relaciona y debe relacionarse con el mercado, aceptando sus reglas, trasformándolas u oponiéndose. Pero necesita posicionarse.
Madrid, y perdonar que me refiera al contexto de mi ciudad, vive en un divorcio absoluto entre los estamentos de la cultura oficial y aquellos que estamos en los márgenes y que propugnamos otra relación del arte con la sociedad. El arte nunca debiera ser un entretenimiento, y ante la cultura del entretenimiento me aparece ese miedo a la extinción del arte profundo, el único que para mi tiene sentido.

2.-
Hay vinos que más allá de su calidad y de su precio, cuando te los metes en la boca te das cuenta que ocultan cosas, que alojan de alguna manera misterios que no eres capaz de resolver. Eso es lo que me gusta del vino y también del arte. Pero de igual modo existen espectáculos y vinos amables, de fácil beber, con los que sólo puedes aspirar a unas risas. Yo sinceramente prefiero una botella de un vino serio aunque no sea muy bueno a un excelente espectáculo entretenido.

3.-
Todo esto no es una queja, ni una defensa de la marginalidad. Hace años entendí que mi fuerza (quizá la nuestra) reside en la debilidad. Esto no es una claudicación ni mucho menos, es una conclusión fruto de la experiencia. Quiero hablaros de mi hijo Juan de 13 años, al final siempre termino recurriendo a la familia. Juan es disléxico, como yo lo fui y creo lo sigo siendo. Tiene serios problemas de aprendizaje y tuvo un retraso inmenso en su lecto-escritura. Hoy es un lector empedernido pero continúan los problemas académicos. Este trimestre creo que su nota media en lengua debe estar rondando el 3, a excepción de una redacción que fue calificada con un 9,5. En el curso pasado y en lo que va de este sólo ha tenido dos ejercicios de redacción y la mayoría de los exámenes consisten en memorizar palabras difíciles que el profesor propone y pregunta. Creo que es una estrategia para mejorar la ortografía, absurda desde luego, y que lejos queda de lo realmente importante de la lengua. Yo no dejo de animarle y creo que su fuerza está en su debilidad ante el sistema educativo, es decir en su capacidad de expresarse por medio de la escritura. Este es un ejemplo y creo que cualquiera de los aquí presentes conocerá ejemplos similares en cualquier estamento de la sociedad.

4.-
Permitidme una perogrullada obvia. En una sociedad donde se valoran los resultados sin preocupación por los medios con que se consiguen y se premia la fuerza y la apariencia en una carencia casi absoluta de valores morales y éticos, es normal que un arte ético y moral habite en los suburbios. Pero esa es la fuerza, mi fuerza, nuestra fuerza o mejor si me permitís la fuerza de la poesía.

5.-
La opción o las opciones que cada uno escogemos a lo largo de nuestra vida configuran nuestra práctica. En 1988 Ariel Goldemberg tras el estreno de mi obra Otoño , me ofreció irme de residente al teatro que él dirigía al norte de París para trabajar con H. Muller, que en aquellos años estaba allí invitado también como residente. Rechacé la oferta pues estaba viviendo con mi compañía de entonces, La Tartana Teatro, una profunda crisis que desembocaría en una gran trasformación y la apertura del Teatro Pradillo. Tengo que reconocer que en momentos de debilidad me arrepentí de aquella decisión. Hoy no. Aparentemente fue un error y mi trayectoria profesional seguramente habría sido mejor o más amplia desde París. Lo que no estoy seguro es que la trayectoria artística, es decir el camino ético y estético por el que transito hubiera sido mejor, o incluso, si se puede valorar cuantitativamente un trayecto regido por valores no cuantificables. Creo que habito en los intersticios de la cultura fruto de mis decisiones y de mi práctica.

Leer texto completo en pdf



Archivos adjuntos: marquerie_conferenciavalencia9.12.2009.pdf |




Aviso Legal: © de los textos y las imágenes: sus autores Diseño CIDI; Desarrollo web GyaStudio