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TEXTOS

Las reglas de este juego

Autor: Bernat, Roger

Año de publicación: 2010

Artista: Roger Bernat

Fecha de incorporación a la web: 27/04/2010

Referencia bibliográfica:

ARTEA/ CORNAGO, Óscar (Coord), Utopías de la proximidad en el contexto de la globalización. La creación escénica en Iberoamérica. Cuenca, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2009, pp. 307-314. ISBN: 978-84-8427-686-9



Texto:

Antes de interpretar lo que me rodea, antes de extraer conclusiones de unos hechos que apenas conozco, quiero un tiempo para la observación. Es la única manera de salvar el tópico, la idea precon¬cebida, el error. Es un instante en el que la obser¬vación es puro deleite, un momento en que la reali¬dad es observada como manifestación del devenir. Deseo que el escenario sea un espacio de observa¬ción. Mi objetivo no es re-producir la realidad, ni siquiera re-presentarla, sino conseguir que ésta se exprese en el contexto artificial del teatro. Trabajo con extraños a los que sitúo en el esce¬nario para observarlos. Ese es el espectáculo. Pero me contento con contemplar a las personas como objetos; dicen que el sujeto se emancipa en su ac¬ción. Es cuando el sujeto se ve abocado a la ac¬ción que una cascada de acontecimientos se vuel¬ca sobre el observador como en un espectáculo. Georges Pérec, citando a Marcel Mauss, definía así el valor de la acción en el ser humano: “Hechos triviales, observados en silencio, pasados por alto, que se dan por sentados; (…) remiten, con mucha más agudeza y presencia que la mayoría de las ins¬tituciones e ideologías de que suelen nutrirse los sociólogos, a la historia de nuestro cuerpo, a la cultura que modeló nuestros gestos y posturas, a la educación que moldeó nuestros actos motores no menos que nuestros actos mentales” .

La necesidad de entender la realidad nos ha lle¬vado a falsearla. Nuestro deseo de ver el mundo como un todo ordenado no nos ha permitido con¬templar los hechos por lo que son sino que los he¬mos tomado por lo que “demuestran”. El espíritu de mi trabajo es el de recuperar la estética de los hechos y los discursos. Para ello he tenido que de¬jar de imponerme a la realidad y aprender a crear las condiciones para que ésta se exprese.

Teatro y juego
Un texto dramático es un libro de instrucciones con normas precisas. Las palabras de los intérpre¬tes ya han sido asignadas e incluso se han defini¬do movimientos, silencios y entonaciones. Toda la trama de didascalias es, junto al texto dramático, un pliego de reglas de juego. En algunas ocasio¬nes el director y otros profesionales de la escena se hacen valedores de esas reglas y actúan como árbitros de la partida. Una pieza teatral es pues un juego en el que las reglas ocupan más espacio que el propio desarrollo de la “partida”. En este sentido puede afirmarse que un texto teatral es un pliego de reglas de juego hipertrofiado. Mi trabajo reflexiona sobre esas Reglas del Juego. Se trata de definir tipologías, grados de li¬bertad, proporciones y objetivos de la norma. Al contrario de lo que pudiera parecer, no me alejo de la tradición teatral sino que me intereso por uno de sus aspectos fundamentales: la convención.
Si dejamos de lado el contenido de la obra dra¬mática, lo que queda ante nosotros es un conjunto de órdenes por las cuales unos hombres invitan a otros a reproducir unas acciones y unos discursos fijados en un texto. Pero, ¿cuál es la naturaleza de esas órdenes?, ¿qué grado de libertad llevan implí¬cito?, ¿cuál es su objeto? Al responder a estas pre¬guntas estaremos definiendo una tipología teatral.

La tipología teatral se define, antes que por el relato, por el pacto entre la persona que se pres¬ta a ser mirada y la que desea mirar. Ese pacto compromete al actor y al espectador pero también al acto teatral. El horizonte de expectativas del espectador se asienta, antes que en los elemen¬tos ficcionales de la historia, en la convención. Es una relación “contractual” que se establece con el intérprete a partir de la cual se definen los límites que separan lo teatral de la realidad. La diferencia que hay entre un espectáculo de peep-show y una ópera no está tanto en la his¬toria que se representa sino en la frontera que intérprete y espectador han decidido trazar entre ambos. Es precisamente en ese terreno fronterizo en el que pequeños movimientos permiten a las artes dar luz o ensombrecer espacios de nuestra existencia que de otro modo estarían expuestas a la uniforme luz de lo invisible. La convención es al teatro lo que la organiza¬ción del trabajo a la fábrica. Ambas son poderosas herramientas de construcción de significados.

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