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TEXTOS

Some things happen all at once

Autor: Casado, Rosa - Brookes, Mike

Año de publicación: 2010

Fecha de incorporación a la web: 11/05/2010

Referencia bibliográfica:

ARTEA/ CORNAGO, Óscar (Coord), Utopías de la proximidad en el contexto de la globalización. La creación escénica en Iberoamérica. Cuenca, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2009, pp. 315-320. ISBN: 978-84-8427-686-9



Texto:

El texto impreso a continuación es un fragmento de la performance Some things happen all at once. Este texto es uno de los elementos que constituyen la acción y se escribió para ser dicho. La pieza combina ideas sobre sostenibilidad, fases de transición del agua, entropía, progreso y comportamiento social; el texto se nutre, directamente, del libro de Philip Ball Critical mass —how one thing leads to another— y del artículo de Buckminster Fuller “Operating manual for spaceship Earth”.
El trabajo se estructura en torno a la construcción, colocación y descomposición de un bosque modelo hecho enteramente de hielo. Este modelo consiste en 200 árboles de hielo individuales en el que hay un pueblo con 40 casas y una iglesia también de hielo; el bosque tiene una estructura circular de 3.5 metros de diámetro.

El público entra y se encuentra: el bosque colocado directamente en el suelo del espacio y está rodeado, parcialmente, e iluminado por lámparas con bombillas de calor de luz infrarroja; el pueblo iluminado por una pequeña bombilla de 6W suspendida sobre el mismo; una persona que pedalea en una bicicleta generando, así, la corriente que alimenta la bombilla suspendida sobre el pueblo y, al lado, dos bicicletas vacías. Hay dos termómetros: uno que muestra la temperatura del pueblo de hielo y otro que muestra la temperatura de la sala. Cuando el público se coloca y se habitúa al espacio, la persona que está pedaleando en la bicicleta empieza a decir el texto tranquila y suavemente; su voz está amplificada y llena el espacio de manera uniforme. El calor generado por la presencia humana y la actividad del ciclista acelera la descomposición del hielo; a lo largo de la acción el público puede intentar mantener el bosque de hielo usando las otras bicicletas que hacen funcionar un sistema de enfriamiento improvisado.

Siempre quise ser astronauta y viajar en una nave espacial. Y en realidad, aunque parezca increíble, podría decir que eso es lo que he hecho toda la vida. Supongo que podemos pensar que todos somos astronautas aunque no sintamos que estamos a bordo de una fantástica y auténtica nave espacial, una nave esférica: la Nave Tierra. De esta minúscula esfera hemos visto una pequeña parte; en cualquier caso, hemos visto más que los seres humanos que vivieron antes del siglo XX: estas personas, en toda su vida, vieron una millonésima parte de la superficie de la Tierra. Nosotros hemos visto mucho más; y, por ejemplo, los pilotos comerciales veteranos han visto alrededor de una centésima parte de la superficie terrestre. Pero incluso esa cantidad no es suficiente para ver y sentir la Tierra como una esfera. La nave Tierra tiene un diámetro de 12.875 kilómetros, una longitud insignificante en la inmensidad del universo. La estrella más cercana: el Sol, la abastece de energía y está a una distancia media de 149 millones de kilómetros; la siguiente estrella más cercana, Centauro, está 100 mil veces más lejos. Este es el tipo de distancias en las que volamos. Desde la nave estelar que nos provee de energía, la luz tarda en llegar a la nave Tierra 8’3 minutos. Esta pequeña nave viaja alrededor del Sol a 96.560,4 km/h y a la vez gira sobre sí misma a 161 km. por minuto, es decir a 9.660 km/h. Esto es girar y volar muy rápido.

La nave Tierra es tan extraordinaria que los seres humanos hemos estado durante 2 millones de años sin saber, ni siquiera imaginar, que estábamos a bordo de una nave espacial. Y está tan bien diseñada que es capaz de regenerar la vida a bordo a pesar de perder energía, como hacen todos los sistemas del universo. La nave Tierra es un sistema igual que lo son un lago de montaña con las laderas y valles que lo rodean o el conjunto de planetas que orbitan alrededor del sol; lo importante es que somos capaces de definir, con cierto grado de exactitud, los componentes relevantes del sistema y cómo interactúan. La nave Tierra obtiene la energía regenerativa de otra nave espacial: el Sol. Así que volamos en compañía del Sol, tan cerca como para recibir la radiación suficiente que nos mantiene vivos y tan lejos como para no quemarnos.

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