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TEXTOS

Preguntas sobre la intensidad (con acento en el campo teatral argentino)

Autor: Abraham, Luis Emilio

Año de publicación: 2010

Artista: Ricardo Bartís

Fecha de incorporación a la web: 03/07/2012

Referencia bibliográfica:

> Víctor Gustavo Zonana (dir., ed.) y Hebe Beatriz Molina (coed.) Poéticas de autor en la literatura argentina (desde 1950). Volumen II. Buenos Aires: Corregidor, 2010, pp. 325-404

> Revista Telondefondo (N° 11)



Texto:

Esta es una versión abreviada del ensayo publicado en Víctor Gustavo Zonana (dir., ed.) y Hebe Beatriz Molina (coed.) Poéticas de autor en la literatura argentina (desde 1950). Volumen II. Buenos Aires: Corregidor, 2010, pp. 325-404. Las partes faltantes se han marcado con el siguiente signo: [...]. Asimismo, existía una versión, bastante más breve que ésta, que se publicó en la Revista Telondefondo (N° 11) a modo de avance.

 

TRATAMIENTO EXTENSIVO

1. ¿Cuál es el interés del tema para una reflexión sobre el teatro argentino reciente? ¿Cuál es el interés del tema para cualquier reflexión sobre lo teatral?

La disposición a abordar el problema de la presencia escénica surge un poco como consecuencia de mi trabajo anterior (el de Escenas que sostienen mundos, por ejemplo). Después de ocuparme del problema de la representación estética y de la ficcionalidad en el teatro, parece lógico preguntarse por ese fenómeno de pura presencia que subyace a toda práctica representativa. Pero en esto, además, me acerco a tendencias de investigación muy visibles en los últimos tiempos tras la presión que han ejercido los desarrollos posestructuralistas y pospsicoanalíticos sobre las lógicas representacionales, sobre las “economías simbólicas” y, de modo consecuente, sobre las disciplinas dedicadas a la interpretación. Resultan llamativas, incluso, ciertas orientaciones, no desprovistas de paradojas, que adopta la propia disciplina semiótica. El pensamiento semiótico está consagrado por naturaleza a la dimensión representativa, pero algunas derivaciones más o menos recientes de la teoría de la enunciación y del estructuralismo de la Escuela de París anteponen, sin embargo, a toda indagación sobre el signo, sobre la representación y sobre el costado interpretable de las prácticas significantes, un examen del mero acto de encontrarse con un objeto: relación con lo presente que constituye un paso indispensable, necesario y lógicamente anterior a todo proceso de semiosis. Estos aportes, que incitan a cuestionarse si es posible una realidad tan paradójica como una “semiótica de la presencia”, contienen interesantes reflexiones para pensar un cuerpo que simplemente está-ahí, que toma posición en un campo, que se hace presente en el espacio. Me han resultado atractivos también porque una aproximación semiótica permitiría tal vez introducir algo de la tradicional precisión y vocación metodológica de esa disciplina en un tema tan oscuro y tan difícil [...]. El propósito más general y abarcador de este trabajo será tan solo ingresar en esta cuestión de orden teórico, examinar en ella ciertas zonas problemáticas, vincularla con el pensamiento contemporáneo que la estimula y abordarla, al final, a través de algunos desarrollos de la semiótica que podrían resultar de mucha utilidad, en trabajos futuros, para confeccionar un marco teórico orgánico sobre la presencia escénica en el teatro. Con mayor precisión, me restringiré a indagar la categoría de “intensidad”, palabra archirrepetida en las teorías de muchos creadores que han propuesto un teatro antirrepresentativo, o poco dramático, y que ocupa un lugar relevante en la práctica reciente y en la reflexión teórica contemporánea. La pregunta inicial que decidió este trabajo está relacionada con esa frecuencia con que he encontrado el término en los ensayos e incluso en las obras de varios teatristas. ¿Hay algo que explorar en ese concepto que tanto convocan los creadores? ¿Hay algo más en la “intensidad” (algún pensamiento por desenterrar, alguna tradición filosófica por remontar) aunque se presente por lo general de modo in-definido y autoevidente?

La segunda motivación para emprender el tratamiento del tema surge, pues, de la insistencia con que ciertos creadores de presencia importante en el teatro argentino posterior a la última dictadura militar invocan la intensidad, reclaman la generación de lo intenso, buscan producirlo, lo proponen explícitamente a la vez como un ideal perseguido, acechado, y como un rasgo que define su modo particular de concebir los procesos de producción teatral y los resultados del trabajo. Pienso ante todo en dos de los teatristas que más han ejercido, paralelamente a la creación escénica, la labor de teorización, en el sentido de exponer sus propias poéticas, de explicar, fundamentar, argumentar sus creencias, elecciones y disposiciones en relación con el fenómeno artístico dentro de un complejo conceptual más o menos extenso y más o menos sistemático. Tanto Ricardo Bartís, cuya producción más personal empieza a gestarse a mediados de los ochenta, como Eduardo Pavlovsky, que para esas fechas se afirma en una de las tantas transformaciones que experimenta su trayectoria, coinciden bastante en cuanto a la centralidad que confieren al trabajo del actor en el proceso creador, en defender la idea y la práctica de un teatro de la actuación, y en un modo singular de entenderla a ella misma: un modo que muchas veces recurre, para autodescribirse, al calificativo de lo intenso.

Haciendo referencia a la recepción de Rojos globos rojos (1994), Eduardo Pavlovsky dice, en La ética del cuerpo, que uno de los aspectos “que cautivó mucho a la gente fue el de la intensidad”, y vincula luego ese concepto con “potencias de vida”: el espectador sigue al actor, “está involucrado en los ritmos, velocidades, flujos, cortes (…)” (171). Como si estuviera poseído por el discurso (por la intensidad del discurso) de Deleuze y Guattari, Pavlovsky repite todo el tiempo el tenor de estas afirmaciones en La ética del cuerpo y en La multiplicación dramática. Cuando habla de lo cortas que se han tornado algunas obras suyas, declara que “el tiempo debe estar al servicio de la intensidad” (La ética del cuerpo 55).

Ricardo Bartís también abunda en alusiones a lo intenso y a nociones afines. Al explicar su modo de producir a partir del material que surge durante el proceso de preparación, expresa que “el ensayo es una especie de estallido, de pura intensidad (…)”.

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