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Radiografías comportamentales de la comunidad imposible

Autor: Olmo Alonso, Saioa

Año de publicación: 2013

Fecha de incorporación a la web: 07/04/2014

Referencia bibliográfica:

CORNAGO, Óscar (Coord.), Manual de emergencia para prácticas escénicas. Comunidad y economías de la precariedad, Madrid, Continta me tienes, 2014, pp. 181-199

Contexto relacionado:

» ¿A qué estamos jugando?



Texto:

Análisis radiográfico del comportamiento grupal durante el “III Encuentro de Creación Escénica Contemporánea: ¿A qué estamos jugando?”
Valencia - Diciembre 2012

Se han realizado una serie de radiografías puntuales del cuerpo grupal “La Comunidad Imposible” que nos permiten visualizar y analizar una parte de su funcionamiento con el fin de llegar a entender ciertas maneras de actuar de este organismo multicelular. Individuas independientes, distribuidas en el espacio, procedentes de cepas diferentes y con grados diversos de conocimiento mutuo, son invitadas por dos sujetas promotoras a agruparse temporalmente en torno a la idea de juego y comunidad. La peculiaridad de la llamada consiste en que durante la primera horquilla temporal a compartir, no existe un plan que estructure la acción de las personas implicadas y deben ser ellas mismas las que se autoorganicen en relación a sus intereses, que se suponen cercanos. El segundo tramo temporal corresponde a un plan predefinido por las sujetas promotoras en concomitancia con ciertas individuas del grupo en un formato más estándar. Se trata de una agrupación que podría tener similitudes con los sistemas emergentes en cuanto al hecho de irrumpir temporalmente para acometer una tarea común y luego dispersarse de nuevo. Sin embargo, al existir una consciencia centralizada, que a modo de marcapasos inicia el proceso de agregación, descartamos tal hipótesis. Algunas de las personas interpeladas aceptan la invitación, otras la declinan. A partir de entonces se establece un intenso intercambio digital. Ciertas personas que rechazan la invitación siguen siendo parte de dicha comunidad virtual. Se trata de un ecosistema virtual que determinadas individuas sienten como más propicio a sus circunstancias que otras. Nos encontraríamos en una primera fase de pretarea grupal en la que las ansiedades básicas ante un entorno nuevo (miedo a la pérdida de una situación preexistente segura y miedo a ser atacada en una nueva), brotan de forma proactiva en algunos casos (comunicando y reafirmando el posicionamiento de cada cual) y reactiva en otros (reaccionando a los planteamientos y circunstancias de los demás).

Martes, 11 de diciembre de 2013
Una vez en Valencia, el lugar donde transcurrirá el encuentro es La Calderería, un local industrial cedido por una asociación cultural de nombre homónimo para la ocasión. Durante los estadios iniciales de acercamiento a la tarea explícita y al conocimiento interpersonal, se recurre al diálogo grupal en círculo, como manera normalizada y entendida como democrática de ocupar el espacio (las personas se guardan la espalda y se miran unas a otras de frente dándose la cara), optimizando así también las fuentes de calor en este espacio “desnudo” y no acondicionado climáticamente. Esta disposición se adoptará en numerosas ocasiones a lo largo de todo el encuentro.

Se establece una dinámica de “sostener el vacío”. Movidas por una fuerza de resistencia a la supuesta inercia propositiva implícita en las expectativas proyectadas hacia el encuentro, todo intento proactivo por parte de personas que intentan asumir el rol temporal de líderes de progreso, es obviado por el grupo. Ninguna propuesta lanzada prospera. La no-acción, o la acción puramente reflexiva, se instaura como el lugar seguro. Proponer algo es exponerse, no al rechazo (se concita el pacto de no agresión) pero sí a la matización o a la indiferencia. Después de varios intentos, fácilmente se percibe que cualquier otra tentativa será igualmente neutralizada por el grupo. Premeditadamente el grupo adopta la actitud diametralmente opuesta a lo que se puede esperar de un grupo de personas que trabajan con la performatividad y el cuerpo, el extremo contrario pero de un mismo marco conceptual, lo que realmente no provoca un cambio de paradigma.

Deliberadamente tampoco se realizan presentaciones de la personas (el encaje de cada persona dentro del grupo), por lo que algunas seguirán siendo denominadas por otras a través de sus características físicas (por ej. “el chico calvo de barba”), en vez de hacer uso de su nombre.

Estamos frente a un grupo secundario en fase de pretarea. El grupo acude a la disociación como mecanismo de defensa: disociar lo malo de lo bueno (lo adecuado e inadecuado para ese momento, la disyuntiva entre la acción y la no-acción en este caso), e intenta disociar el pensamiento, del sentimiento y de la acción.

Dentro del propio grupo se plantea la pregunta: “¿somos un grupo?, ¿somos una comunidad?”. Un grupo es un conjunto de personas que en un determinado espacio-tiempo, se disponen a llevar acabo una actividad mediante una compleja adjudicación y asunción de roles. Una comunidad estaría formada por individuas que comparten una identidad común y en ocasiones también un objetivo común explicito, si bien esto último no es estrictamente necesario. El mismo blog del encuentro lleva por título “La comunidad imposible”. Según la teoría del determinismo nominativo, nuestros nombres pueden influir en cómo finalmente acabamos configurando nuestras identidades. Una premonición de imposibilidad de cohesión que pareciera que estuviera cumpliéndose en estos primeros momentos grupales.

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