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TEXTOS

Carta a mi cuerpo. Una forma de hacerse presente

Autor: Belvis Pons, Esther

Año de publicación: 2013

Fecha de incorporación a la web: 14/04/2014

Referencia bibliográfica:

CORNAGO, Óscar (Coord.), Manual de emergencia para prácticas escénicas. Comunidad y economías de la precariedad, Madrid, Continta me tienes, 2014, pp. 123-135

Contexto relacionado:

» ¿A qué estamos jugando?



Texto:

Querido cuerpo:

Es extraño escribirte desde aquí, es decir desde ti. Hace días que intento hablar contigo pero, o bien no encuentro el momento yo, o bien tú no estás disponible. Así que he decido escribirte una carta. Es extraño que estando tan cerca, no encontremos nunca el momento de encontrarnos. Más que de encontrarnos, de estar. Porque lo que se dice encontrarnos, nos encontramos todo el tiempo. Te escribo para recordarnos en otro tiempo y en otro lugar, para que me ayudes a reconstruirme y a reconstruir la presencia de los demás, a partir de lo que queda del acontecimiento que se propaga a través de las ruinas materiales, la evocación de la memoria y la proyección de lo que deseamos ser, muy a pesar de ti; muy a pesar de tus cualidades, mi cuerpo. Quiero recordarnos aquella vez en Valencia, cuando nos juntamos con otros para hacer del juego experiencia y del grupo comunidad. Un grupo formado por esos otros cuerpos versados en formas de presencia artística, escénica, arquitectónica, visual y narrativa; un grupo heterogéneo conjurando sobre las posibilidades de ser y del ser, más allá de la materialización espacial de cuerpos alineados en un mismo eje de espacio-tiempo.

Me adelanto a decirte―antes de que empieces con tus reproches sobre lo imposible de nuestras propuestas y añadiendo la evidencia de que escribirte una carta resulta un tanto histriónico― que lo cierto es que el emprendimiento histórico siempre está sujeto a la ficción. Así que donde no lleguemos, mi cuerpo, nos quedará la imaginación, que es también una forma de hacernos presentes. Esto no debería preocuparnos demasiado ya que todo el mundo sabe que la ciencia solo avanza gracias a la ciencia ficción; y seguramente la vida se expande gracias a las imposibilidades que barajamos (nos-otros). A este respecto, me contaron el otro día que cabe la posibilidad de que el mundo en que vivimos sea un holograma y que, por tanto, nuestros cuerpos también lo sean. No me mires con ese escepticismo, esto no lo digo yo, lo dicen unos científicos muy reputados que trabajan sobre una hipótesis que desarrollaron Stephen Hawking y Jacob Bekenstein en los años setenta. Ya sabes que nosotros de ciencia entendemos lo justo, pero te digo yo que a mí esta idea me parece que tiene toda la pinta de ser de lo más veraz y real ya que esto lo he sentido en mis propias carnes. ¿Qué estoy diciendo? Pues eso, que a mí a veces las personas más que tocarme noto que me atraviesan. Me pasan por dentro tal cual como si fuéramos un cuerpo holográfico que uno pudiera atravesar al intentar tocarlo. En otras palabras, hay experiencias que te dejan el cuerpo atravesado. Y resulta que esta sensación que tenemos a veces, dice el filósofo Roberto Esposito que es de lo más normal porque «el cuerpo humano está cada vez más desafiado, incluso literalmente atravesado por la técnica» (2004:25). No me extraña que haya experiencias que nos dejen del revés, si es que resulta que estamos continuamente atravesados por todo tipo de cuerpos.

A mí toda esta teoría me ha dejado de lo más tranquila. Porque confirma que los conceptos y las teorías abstractas y las experiencias a veces se alcanzan, se encuentran e incluso se atraviesan. Ahora cuando alguien me venga con las dificultades de relacionar la teoría y práctica le voy a decir que se deje de divisiones, que todo son hologramas atravesados y que, en definitiva, todo nos lleva al punto de origen; a ti mi cuerpo. Desde mi punto de vista, estas premisas clarifican y dan sentido a algunas de la cuestiones que quiero exponerte y al modo en que tenemos de relacionarnos (nos-otros) con los otros. Lo difícil, ya lo sabes eso tú muy bien, es explicarles a los demás cómo es eso de sentirse holograma; cómo nos sentimos respecto a los demás y cómo negociamos los espacios de construcción y de confianza para encontrarnos.

Siempre es difícil encontrar la posición adecuada desde donde contar las cosas; la posición remite siempre a unos símbolos, códigos e ideas con los que debemos negociar al presentar algo y al presentarnos frente a los demás. Esto es exactamente lo que estoy intentado hacer aquí; encontrar una posición dialógica que nos permita mirarnos, un poco a la manera que cuenta Emmanuel Lévinas. Dice el escritor Stephen Barber en un libro sobre Tatsumi Hijikata, coreógrafo japonés fundador de la danza Ankoku-Butoh, que ninguna ciudad puede realmente cartografiarse excepto el cuerpo (2006:24). Y al pensar en recordar, reconstruir, caminar hacia el acontecimiento pasado me ha parecido que lo mejor era dirigirme a ti, ya que según esta afirmación tú tienes todos los mapas. Así que para hablar de nos-otros y de los otros he pensado que era fundamental empezar a establecer rutas dramatúrgicas desde el cuerpo hacia aquel encuentro en Valencia. Quizás a través de esta cartografía epistolar podamos dilucidar algunas cosas de las que allí pasaron e intentar argumentar las posibilidades de la comunidad en las dimensiones espacio-temporales que nuestros cuerpos holográficos ocupan y desocupan constantemente.

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