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TEXTOS

Nueva marinaleda experiencia futurista de sociedad utópica

Autor: Collado, Ernesto

Año de publicación: 2013

Artista: Ernesto Collado

Obra: Nueva Marinaleda

Fecha de incorporación a la web: 14/04/2014

Referencia bibliográfica:

CORNAGO, Óscar (Coord.), Manual de emergencia para prácticas escénicas. Comunidad y economías de la precariedad, Madrid, Continta me tienes, 2014, pp. 273-283



Texto:

 

Cada uno es un punto focal para su ética pero también un punto en la geografía ernesto collado del otro, estamos todos para los demás.

Una plantación de lentejas trepadoras iluminadas artificialmente y conectadas a las lavadoras a de unas cañerías de agua sirven para filtrar la suciedad creando una relación simbiótica entre la quina y las plantas. Las plantas reaccionan misteriosamente a las manchas y a los distintos tipos de suciedad, como si estas pudieran sacar conclusiones psicológicas de los restos dejados por las acciones de los hombres y mujeres que asisten al lugar. A través de unos electrodos que las conectan entre sí emiten señales lumínicas, transformando el ambiente.

El CO que emite la gente que ocupa el espacio es fundamental para el funcionamiento del mismo. Sin esa concentración de CO emitido por las personas las plantas se marchitan y el sistema muere. Esos espacios son pequeños «sistemas» vivos, organis- mos que se alimentan y retroalimentan, crecen, se reproducen... Los sonidos de las lavadoras, con sus distintas fases de lavado, aclarado y centrifugado crean cadencias rítmicas.

Bueno, como ya os había dicho, es muy difícil mirar todas estas imágenes de esculturas en las autopistas y permanecer indiferente. ¿Por qué todo esto y, sobre todo, por qué ahí donde están? Después de tres meses de trabajo tras la pista de las autopistas abandonadas, estaba claro para mí que esto no tenía ningún sentido místico ni religioso, porque estaban puestas en lugares donde no había ninguna vista impresionante o un campo magnético particular. Yo no he sentido ninguna fuerza telúrica clara, y además no tienen ninguna orientación coherente.

No, está claro que estas esculturas no se encuentran en lugares sagrados. Pero al mismo tiempo está todo lleno de esculturas como estas. En dos años de marcha a pie he visto casi doscientas, y me he encontrado gente en bici que me ha hablado de esculturas majestuosas en Helsinki, en Nápoles, en la costa del Mar Negro... y todas ellas están conectadas, ¿veis?

Es como una especie de sistema complejo de peregrinaje motorizado. No es una casualidad que todo esto esté organizado así. Evidentemente, en esta época, en esa sociedad del movimiento permanente había una necesidad ilimitada, vital, de belleza. Esas gentes, durante esos viajes constantes, no podían conducir más de 300km sin experimentar el placer de las formas, de los colores. He podido constatar que no había más de 300km entre cada escultura. Ahora eso parece una distancia enorme, pero en esa época la gente iba a 120km por hora, y en algunas comunidades a 130. Y a 120km por hora eso nos da 2 horas y media, el tiempo natural entre dos pipís. Vemos que es una necesidad casi fisiológica de belleza.

Pero es demasiado simple esta explicación, porque esta necesidad la tenemos también nosotros, ¿no? Tiene que haber otra razón más compleja, más profunda, pero ¿cuál? Bueno, tú te ríes ahora [refiriéndose a alguien del público], pero ayer por la noche, con el couscous, el vinito... tuviste una intuición. Yo os la cuento. Su intuición es que estas formas son más bien una suerte de manifestación estética local, como si se tratase de concentrar en una sola forma, en un material, toda la consciencia colectiva, incluso ontológica, de las comunidades alrededor. Serían como mensajes codificados puestos ahí para los visitantes, que los pueden descifrar y penetrar en las entrañas culturales de estas comunidades que quieren conocer.

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