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TEXTOS

La tragedia de los comunes

Autor: Arlandis, Vicente y Gómez, Sandra

Año de publicación: 2013

Artista: Losquequedan

Obra: Tragedia de los comunes

Fecha de incorporación a la web: 21/04/2014

Referencia bibliográfica:

CORNAGO, Óscar (Coord.), Manual de emergencia para prácticas escénicas. Comunidad y economías de la precariedad, Madrid, Continta me tienes, 2014, pp. 263-272



Texto:

Buenas tardes a todo el mundo y gracias por venir. Vamos a proponernos un juego. A tres de vosotros os hemos asignado el rol de IMPOSTOR. Estos tres impostores se conocen entre sí. El objetivo del grupo será descubrir quiénes son los impostores tratarán de pasar desapercibidos durante el juego y no ser eliminados. El mecanismo del juego es el siguiente: Cada diez minutos tendréis que4 decidir de manera conjunta quién pensáis que es un impostor y eliminarlo. En el ordenador tenéis una alarma programada que cada diez minutos emitirá un aviso. La persona eliminada anunciará al grupo si es un impostor o no. Así sucesivamente hasta que el grupo consiga descubrir a los tres impostores o los impostores lleguen hasta el final sin ser descubiertos. Todo aquel que sea eliminado tiene voz en las siguientes deliberaciones pero no voto. A excepción de la primera persona eliminada que sí conservará su voto siempre que no sea impostor.

RECORDAD: intentad cumplir los tiempos y cada diez minutos eliminad a un sospechoso. El tiempo máximo que tenéis son 90 minutos, si al finalizar este tiempo no habéis eliminado a los tres impostores, estos habrán ganado el juego. Nos gustaría que vieseis dos vídeos durante el juego. El vídeo número dos lo tenéis que poner después de haber eliminado a las dos primeras personas. Y el vídeo número tres después de haber eliminado a las dos siguientes. Eso es todo y suerte. Hacednos una llamada perdida a nuestro móvil cuando hayáis acabado.

—Pues yo creo que teníamos que empezar diciéndonos las consignas que tenemos cada uno.
—Ah, ¿pero tenemos todos consignas?
—Yo creía que eso no se podía decir.
—Eso es lo que nos dijeron, pero a lo mejor podemos pasar.
—Vamos a ver, ¿a todos nos han dado una consigna?
—¿A quién no le han dado una consigna?
—¿Y pistas...?
—¿Pero hay gente que tiene además pistas? Yo pistas no tengo.
—¿Quién no tiene pistas?
—Bueno, la cosa es que yo sospecho ya de una persona. Aunque no tenga mucha idea, pero yo sospecharía de alguien como tú que parece que sabe muy bien de qué va esto, porque yo no tengo ni idea, pero veo que aquí hay gente que controla todo el asunto.
—Aquí Esther ha lanzado una sospecha sobre alguien...
—Mira, yo creo, por los colores que llevamos, que puede ser que en cada grupo exista un impostor.
—Pues mira, si es así, yo me voy a ir con los míos y me pongo al lado de la ventana.
—¿Tú eres Mónica, no?
—No, ella es Laura. Mónica soy yo.
—Perdonad que siga dando la vara con lo mismo, pero mi lógica me pide decir que cada uno muestre sus consignas antes de empezar a sospechar de la gente.
—Es que las consignas son el juego, no se pueden decir, si no, rompes el juego.
—Pero yo sí que abogaría porque el que más sabe es el...
—Espera, teníamos diez minutos, ¿no?, así que tenemos que ir preparándonos para echar a uno.
—Vale, pues a votación, hagamos una ronda.
—Empiezo yo. Para mí que es ella, porque es la que parece que tiene más información.
—Eso porque he hablado mucho, pero yo es que soy así.

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