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Performance como herramienta terapéutica y pedagógica

Autor: Azcona, Abel

Año de publicación: 2013

Fecha de incorporación a la web: 09/06/2014

Referencia bibliográfica:

Efímera Revista, vol. 4, núm. 5, Madrid, 2013, pp.46-49. ISSN. 2172-5934



Texto:

Performance en primera persona. Herramienta de autoconocimiento

El performance art, también conocido como arte de acción, debe ir siempre de la mano de la experiencia personal, y debe ser considerado como una herramienta de autoexploración. Siendo un arte, en muchos casos, incomprendido, contrasta totalmente con el potencial del mismo para la construcción y reparación. Tras mis años de experiencia, empleando el performance como herramienta terapéutica y pedagógica, es sin duda la disciplina artística que más satisfacciones aporta al creador. El proceso y estado interno de la acción del cuerpo sobre un espacio y tiempo determinados ha permitido a los artistas resignificar los objetos utilizados desde sus propias metodologías y construcciones conceptuales; es así que, durante la historia, especialmente en los inicios del body art, se manifestó la acción del artista de performance en la utilización exclusiva del organismo como objeto, investigando los límites físicos, psíquicos y espaciales, así como también utilizando el cuerpo para la presentación social del género y de la imagen. Esta oportunidad de emplear únicamente el cuerpo como factor de construcción da la oportunidad de explorar internamente y conseguir un conocimiento de uno mismo muy superior. Muchos artistas se han dedicado a trabajar desde la subjetividad y la fragilidad de estas metodologías, incorporando la conciencia de la acción como una herramienta más, construyendo así un registro subjetivo de lo que acontece en la experiencia. Será entonces este registro, entendido como un resultado de los elementos psicoafectivos del artista de performance y de la experiencia objetual que acontece en un espacio determinado donde se resuelve la acción, un fenómeno que analizar, tomando en cuenta los aspectos perceptivos y representacionales, así como también sus procesos afectivos y aquellos asociados a la identidad del artista. La identidad debe ser la protagonista y esencia del arte de acción, mostrada al espectador, y sobre todo a uno mismo, mediante el tiempo, el espacio y el cuerpo. Cuando el artista se permite crear y tener un acceso a su mundo interno lo hace gracias a las facultades psíquicas que posibilitan la dinámica del «Crear», por lo tanto, hace uso libre de procesos más específicos como son el la percepción y la representación.

En mi caso personal nace y surge como una necesidad vital de adecuación al entorno y como herramienta de autoconocimiento. Haber sido abandonado al nacer por una madre que ejercía la prostitución, haber sufrido maltrato infantil y mi itinerancia por diferentes centros de acogida, instituciones mentales y familias hacen que mi vida y mi experiencia estén unidas a mi obra y creación artística. En la necesidad de compartir y conocer por mí mismo mis propios procesos, sentimientos e incluso problemas mentales.

El tiempo consigue que todo lo oculto durante la infancia y la adolescencia tenga la necesidad de salir al exterior. En mi caso, a través del arte del cuerpo. Seguidamente de un intento de suicidio, observo que la ocultación de mi propio ser me ha llevado a no tener capacidad de empatía o de socialización. Por lo que decido compartir mi intimidad desde la única constante en mi vida desde mi infancia: el arte. Herramienta indispensable durante mi infancia y adolescencia por su capacidad de hacerme olvidar. Algo negativo, que consigo tornar a positivo al ser esta misma herramienta la que en la actualidad me ayuda a expresar, comunicar y sobre todo entender por mí mismo la mayoría de las cuestiones de mi propia existencia. A los diecisiete empiezo a contar historias con mi propio cuerpo en las calles de mi ciudad natal. Horas sentado en una silla en la avenida principal como sentimiento de búsqueda y espera. Y acciones donde ya empiezo a abordar el dolor y la resistencia física, con azotamientos, intoxicaciones, agresiones y diferentes torturas tanto físicas como psicológicas. Cuando el dolor interno es tan fuerte el externo llega a desaparecer, por lo que empiezo a emplearlo para empatizar con mis propios sentimientos y con mis experiencias de infancia y adolescencia. El niño perdido se convierte en un adolescente que encuentra un camino para investigar su propio yo. Lo que lleva a mi formación en artes y mi especialización en el arte del performance.

El performance art es una herramienta que da respuestas a través del cuerpo. Como consecuencia de estos interrogantes surge una amplia gama de representaciones que el artista debe buscar poner en acción constantemente; en mi caso puedo afirmar que el arte performativo está presente en mi cotidianidad. Los artistas relacionados con esta disciplina tenemos la oportunidad de salirnos de espacios como la galería o el museo. Con la posibilidad de dividir nuestra obra, como en mi caso, en piezas más biográficas y más instintivas que en muchas ocasiones surgen en espacios públicos sin ser predeterminadas y otras piezas artísticas que llevan un trabajo de creación y de búsqueda interna mucho mayor.

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