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El origen colectivo de la escena: El crómlech, de Óscar Gómez

Autor: Cornago, Óscar

Año de publicación: 2015

Artista: Óskar Gómez Mata

Fecha de incorporación a la web: 04/04/2016

Referencia bibliográfica:

CORNAGO, Óscar. Ensayos de teoría escénica sobre teatralidad, público y democracia, Madrid, Abada Editores, pp. 203-210



Texto:

¿Desde qué lugar afrontar esta demanda de decencia? Ese entorno al que se refiere Benjamin en el que la gente “pueda manifestar sin más, pura y claramente, su pobreza (exterior e interior)”, una vez que ha devorado toda la cultura, exige replantearse la raíz del encuentro. ¿Qué hay antes de la escena? Este origen es una invención hecha desde un presente, y en tanto que origen compartido es el resultado de una acción colectiva.

En El crómlech (Psicodrama 4), Óscar Gómez propone literalmente la creación de este vacío como medio de repensarnos de forma colectiva. En relación al El triunfo de la libertad, Juan Loriente insistía en el vacío, traducido en su caso en el hecho de no estar presente físicamente en escena, como un gesto de máxima libertad. No se trata del vacío como punto de llegada, sino como medio de transformación, de llegar a ser otro. En El crómlech la acción a la que se invita al público consiste en la construcción de este vacío y a partir de ahí en la posibilidad de cambiar. El proyecto está inspirado en un tipo de construcciones megalíticas que delimitan con grandes piedras un espacio interior generalmente circular. En la presentación del trabajo se recoge la referencia de Jorge de Oteiza a estos monumentos que en el caso del País Vasco tenían proporciones más reducidas: “Los crómlechs son unas pequeñas piedras que dibujan un círculo muy íntimo, muy pequeño, de dos a cinco metros de diámetro y que no tienen nada dentro”. En la propuesta escénica este vacío está identificado con la falta, y también, enlazando con la paja seca que delimita el círculo, con la codicia, que en la Edad Media estaba simbolizada por el heno. Se trata de abrir un vacío en un espacio íntimo y social al mismo tiempo, habitualmente saturado de pertenencias y posesiones.

Se hizo por primera vez en el 2013 en San Luis de Potosí (México), y forma parte de una serie denominada psicodramas. Combinando lenguajes como la actuación, la instalación plástica o la performance, estas obras proponen formas distintas de interacción con el público. Psicofonías del alma, que aunque se estrenó en el 2004 se continuó haciendo hasta el 2009, es en cierto modo un antecedente de este tipo de trabajos con un formato abierto que busca la cercanía con el público. Aunque la comunicación directa con el espectador estaba ya presente en sus primeros trabajos a mediados de los años noventa con Legaleón, y ha sido una marca de su producción posterior con la Compañía L´Alakran, en estos proyectos, con un formato flexible y sin necesidad de un espacio teatral, se abren las posibilidades de relación con el público más allá del momento de presentación de la obra, a través de talleres o intervenciones posteriores.

El psicodrama, como se describe en el dossier del proyecto, alude a un problema individual que es tratado por medio de instrumentos dramáticos dentro de un contexto social con el fin de que el individuo encuentre una solución. No se trata tanto de realizar un verdadero psicodrama, sino de plantear la obra como respuesta a problemas sociales reales. El grupo va a tratar de encontrar una solución colectiva a través de la acción. Cada psicodrama gira en torno a un tema: el sentimiento de culpa, la vergüenza, la rabia, y este cuarto, la falta. La manera de desarrollarlos y los formatos de presentación han ido variando, aunque siempre buscando la interacción con el público. A partir del tercero, el de la cólera, los proyectos se hacen más didácticos, de modo que los asistentes puedan apropiarse directamente de la obra. A diferencia del modelo desarrollo por Bertolt Brecht, como explica el director, en los psicodramas la obra termina diluyéndose en el público. No queda nada al margen de la acción colectiva, que en ocasiones se plantea de modo que idealmente el participante pueda continuar practicándola.

Esto se puso especialmente de manifiesto en Cuarto de hora de cultura metafísica, en la que se traducía a través de una tabla de movimientos el poema homónimo de Ghérasim Luca. Aunque no pertenece a la serie de psicodramas, el proyecto tiene las mismas características. La coreografía recoge los temas centrales del poema, temas tan abstractos como la muerte, la vida, las ideas, las angustias o el miedo, y los identifica con distintas partes del cuerpo. Lo trascendental se confronta así con lo más físico e inmediato, el propio cuerpo, de modo que las ideas son los ojos, la vida el pecho, las angustias las extremidades o la muerte la espalda. En la primera parte de la obra Esperanza López presenta el proyecto, explicando que se trata de un ejercicio de metafísica colectiva. Posteriormente y al mismo tiempo que lee el poema, Óscar Gómez realiza a modo de ejemplo la serie completa de movimientos. Al final de la sesión se le propone al público un pequeño calentamiento y unos sencillos movimientos con el propósito de poner en práctica el proyecto e incitarle a asistir a los entrenamientos, con la posibilidad también de participar en una performance colectiva el último día.

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Archivos adjuntos: origen-de-la-escena-cromlech-o.cornago.pdf |




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