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TEXTOS

La nueva danza en Francia

Autor: Goumarre, Laurent

Año de publicación: 1999

Fecha de incorporación a la web: 00/06/2007

Referencia bibliográfica:

Desviaciones (documentación de la 2ª Edición de Desviaciones) Edita José A. Sánchez, Cuenca-Madrid, 1999. (pp. 29-43)

 



Texto:

Así pues, se tratará de presentar eso que en Francia se ha intentado denominar nueva danza o joven generación. Ante todo, los presupuestos de tal terminología, que tiende a oponer a los artistas tanto sobre una cuestión de edad como sobre la idea peligrosa de renovación. Porque la 'novedad' es una tentativa, o mejor dicho el engaño siempre formulado por aquellos que piensan la historia del arte, sea cual sea la disciplina, como un proceso en progreso. Y es precisamente esta aprehensión inocentemente progresista la que constriñe sistemáticamente las producciones de ciertos artistas: Jérôme Bel, Boris Charmatz, Myriam Gourfink, pero también Alain Buffard, Xavier Le Roy o Emmanuelle Huynth -por no citar más que algunos de estos coreógrafos nacidos en su mayoría a fines de los sesenta y principios de los setenta-, que se resisten a ceder a la lógica de lo nuevo y prefieren recuperar la historia de la danza, no para referirse a ella desde una óptica postmodernista e irónica, sino para establecer estados del cuerpo iniciados, por ejemplo, por la 'Judson generation', generación americana que parece haber tenido poca influencia en Francia hasta hoy. No se trata de oponerse frontalmente a las generaciones precedentes, actualmente a la cabeza de los centros coreográficos nacionales, sino de proponer una alternativa a espectáculos demasiado enmarcados, afectados de una especie de clausura compositiva; esa sería la propuesta de ciertos artistas de este fin de los años noventa, sin que por ello resulte evidente que se pueda hablar de un efecto generacional. Porque las búsquedas se inscriben en la trayectoria inclasificable de un Mark Tompkins, se reencuentran en las experiencias deceptivas de un François Verret o en las creaciones de Mathilde Monnier, coreógrafos 'instalados' que no dejan de minar la idea de una danza pura al integrar las preocupaciones ya localizadas al nivel de las artes plásticas: deceptividad, work in progresss, performance. Esta permeabilidad de las artes vivas, que se redobla mediante una organización de artistas en red más allá de una preferencia nacional (la americana Meg Stuart afincada en Bélgica reúne en un proyecto de improvisación a Crash Landing, Jérôme Bel, Tompkins, Nasser, Martin Gousset...); he aquí los elementos disgregadores de una tendencia que se anuncia hoy en la danza -y no sólo en la francesa.

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